Ramón Fabregat, S.J.

Me piden que hable de mi vocación y de mi vida religiosa en la Compañía de Jesús. Pues, allá va. Nací en Barcelona. Entré en el noviciado el 1954. Tenía 20 años. Hasta unos meses antes yo no había pensado nunca en ser sacerdote o religioso. Yo era ayudante de despacho en la Comercial Pirelli desde los 14. Pertenecía a la Congregación Mariana de mi barrio. He tenido la suerte de tener muy buenos amigos. Un atardecer, a principios de marzo, saliendo del trabajo para la escuela nocturna, entré a hacer “la visita” en una iglesia. Allí sentí de repente, con sorpresa y alegría, que el Señor me proponía seguirle en la Compañía. Mi acompañante espiritual, que era jesuita pero que nunca me había sugerido nada de esto, me dio su conformidad. El 27 de septiembre fui admitido al noviciado.

 con sorpresa y alegría

Después de la formación, y de haber pasado dos años como profesor en nuestro colegio Montesión de Palma de Mallorca, fui ordenado sacerdote el 1966 en Barcelona. Destinado al equipo del pre-noviciado y consiliario de un colegio fundado por la Compañía en un barrio de Barcelona. El 1975 pedí ser enviado al Chad, donde en aquel momento todo el clero eran sólo los jesuitas europeos, primeros misioneros. Allí viví 29 años y finalmente 3 en el Camerún. Mi trabajo, en general, fue algo de parroquia pero sobre todo en nuestro colegio –servicio muy importante para el África- y la Casa de Ejercicios de Sarh: espiritual, delegado diocesano para todas las vocaciones masculinas, ejercicios espirituales, 8 años en el seminario mayor como director del año de Propedéutica, estancias en el noviciado de la provincia en Camerún…

En 2007, con la comprensión de los compañeros africanos, volví a España para todavía poder participar en la vida apostólica de aquí. Somos 7 en la comunidad de Lleida, de 81 a 28 años, como “amigos en el Señor” y reunidos por Él. ¿Mi trabajo?: ayudar en nuestra parroquia y en otra iglesia, en alfabetización para inmigrantes “africanos”, ejercicios espirituales, apostolado penitenciario en el Centro Ponent de Lleida, misa el sábado en una residencia de ancianos… Debo afirmar que cada día doy gracias a Dios por mi vocación y por como el Señor me ha ido llevando. Siempre muy feliz, muchos amigos en todas partes y con recuerdos maravillosos. Y, naturalmente, con el África siempre en el corazón.

Ramón Fabregat, S.J.