Vivir cada día las utopías soñadas

¿Cómo contarías tu vocación a un joven?

A los 16 años se me plantearon una serie de preguntas de sentido, de las que la más comprometida era qué hacer con mi vida que me sugería esta respuesta: “dedicarla a los demás”. Era el momento vital de los grandes sueños, las utopías, del deseo de salvar al mundo,…. Cuando mi orientador espiritual me dirigió al seminario diocesano, aunque no tenía claros los conceptos, le dije: “No, yo quiero ser como Vd., jesuita” y con 18 años entré en el noviciado, asumiendo la vocación sacerdotal.

¿Por qué sigues en esto?

Después he aprendido que la vocación se recrea continuamente, se actualiza, y hay que alimentarla y reformularla desde cada circunstancia vital. En los estudios de Teología, ya no me ilusionaba imaginarme de sacerdote, pero sí me atraía la vida religiosa, como hermano, opción que tomé. Aquel ímpetu primero que sentí encaja más con la vida de hermano jesuita, y, esta vocación, de hecho, me hace feliz, por lo que repetiría mi elección.

¿Por qué sigues siendo jesuita, hoy?

Ser hermano jesuita expresa un deseo de radicalidad en el seguimiento de Jesús, desnudo de otras funciones sacerdotales, como han hecho cristianos de todas las épocas persiguiendo el sueño de ser plenamente humanos siguiendo con exclusividad a Jesús y su Evangelio. Es un modo de hacerse libre para seguir lo que Jesús quiera: de preocupaciones materiales a través de la pobreza; de afectos excluyentes a través de la castidad; y de la propia y exclusiva voluntad para buscar la de Dios con la ayuda de la obediencia. Este proyecto sigue siendo válido en mi vida.

sentido a lo cotidiano, importa el todo

En la Compañía lo que importa es la función del conjunto, que da sentido a mi trabajo y al de cada uno, pues lo cotidiano, a veces es rutinario, gris y plano. He trabajado muchos años como profesor y orientador psicopedagogo en colegios, y después al servicio interno de la propia estructura jesuita en la oficina del superior provincial, y disfruto mucho como investigador de la historia de la Compañía de Jesús. Esa es mi contribución para que el conjunto del cuerpo de la Compañía y de la Iglesia ayude a redimir al mundo.
Muchos se sorprenden al ver a un hermano con una buena preparación académica (licenciado y doctor), que no encaja con la imagen más tradicional, pero hay que redescubrir a los profesionales cualificados consagrados al reinado de Dios, cada uno con lo que es capaz de dar.

Tu propio TITULAR de tu vida como jesuita

Este es el horizonte de mis sueños y mis deseos. Entre él y mis limitaciones se desarrolla mi vida y mi servicio.

Wenceslao Soto, S.I.