¡Lo doy todo!

Bueno…¡un momento! Esto de darlo todo es muy serio. Yo quiero seguir a Jesús, y la palabra radicalidad está a menudo en mis planteamientos. Quiero ser generoso. En algún momento he considerado que esto de ser religioso podría ir conmigo”.

Este podría ser un razonamiento-tipo de muchos jóvenes que, delante de la llamada que el Señor hace en su vida, no se permiten dar el paso final porque... ¡hay tanto que perder! Se asume que la vida de oración compromete, que si te tomas en serio la relación con Jesús, hasta se le podría ocurrir la “brillante” idea de llamarte a opciones de vida que te harían ser considerado loco a los ojos de los demás.

No puedo...

Es entonces cuando salen a escena los miedos: ¿cómo sé yo que viene de Dios? U otro clásico que desactiva de cuajo nuestra capacidad de generosidad: “no me veo con fuerzas…yo no puedo”. Y es verdad: por ti sólo no puedes. Pero es que basándote en tus fuerzas tampoco podrás ser un buen padre de familia, sacerdote, catequista, jesuita...

Pasar del yo quiero al yo me siento llamado. Superar el miedo a los límites de tus propias fuerzas para hacer una auténtica ofrenda de ti mismo y decirle a Dios: “Señor, contigo no me puedo perder”. Así es: de los límites de tu propia capacidad pasamos a la fuerza de la apuesta por amor que Dios hace en ti. ¿La aceptas?

Enric Puiggròs SJ