Anudar contigo fraternidad en Mesa compartida

Quizá habríamos conseguido en nuestra vida una coexistencia pacífica con él. Quizá habríamos llegado a creer que estábamos más o menos en regla con él. Y preveíamos una vida tranquila y feliz y de repente todas esas previsiones se desbaratan. Es como el anuncio sorprendente de algo que no se esperaba. ¿Por qué salir de nuestra tierra ya conocida y acostumbrada? ¿Por qué encaminarse hacia ese horizonte de Cuerpo entregado? ¿Por qué anudar contigo fraternidades en Mesa compartida, amasando Pan de Vida?

El amor sin límites irrumpe

Nuestro deseo secreto puede ser que todo aquello que ya somos permanezca así en tu Presencia: una situación bien definida, un conjunto de cosas en las que nos hemos instalado, una relación contigo que nos parece suficientemente buena. ¿Qué más hay que desear? ¿A qué más allá hay que ir?

El amor sin límites hace irrupción en nuestra vida, viene a perturbar lo que existe, remueve lo que creíamos estable, abre nuevos horizontes en lo que nunca habíamos pensado. Si rehusamos quizá no ocurra aparentemente nada, pero el amor quedará fijado de una manera relativa y limitada. Será un rechazo al amor absoluto y a sus audacias. Será una laguna pantanosa y no un lugar en alta mar.

Y cuando seas levantado atraerás todo y a todos a ti (Jn 12:32). Nuestras miradas tendrán otro horizonte y nuestras existencias la medida de tu propia entrega. Cuando seas levantado desplazarás definitivamente el centro del mundo. Y ahí te encontraremos, servidor de pan compartido en comida que sabe a fiesta deseada.

Señor del amor sin límites, despliega nuestra vida para incorporar toda criatura a tu Vida, para hacer de cada uno, en cuanto es posible, tu Cuerpo y tu Sangre. Señor del amor sin límites, sigue enviándonos mientras un hombre esté triste, un corazón herido o un rostro cerrado, mientras Tú no sea todo en todos.