Amigos apasionados, con sentido y que siguen dando tanto sentido

A veces pienso cómo seremos los jesuitas dentro de unos años, cuando yo acabe mi formación y quizás el tiempo haya blanqueado mis sienes. Me pregunto también cómo nos verá un joven que se plantee ser jesuita. Imagino que será una orden con números más bajos, quizás menos obras y un contexto social ajeno a lo religioso.

Son muchas las incógnitas y las variables que no controlamos, pero sueño que cuando llegue ese momento seguirá siendo una compañía formada por amigos. Compañeros que comparten su vida, sus deseos y su misión, capaces de aceptarse y quererse en la diferencia, donde cada uno sea distinto pero con una esencia común más allá de las distancias geográficas. Relaciones donde se trabaje por una misión, pero donde haya tiempo para la risa, los sueños y las lágrimas compartidas. Amigos apasionados que se entregan a fondo en aquello que hacen. Vidas frágiles pero disponibles al 100% donde abunde la ilusión más que las medias tintas, donde no quede ni un gramo de vida por gastar.

Amigos apasionados, con sentido cuando parece que nada lo tiene. 

Amigos apasionados, con sentido cuando parece que nada lo tiene. Navegantes en un mar convulso pero con un norte bien definido. Capaces de mantener una palabra firme donde haya desconcierto y buscar la voluntad de Dios en un mundo cambiante, pero que merece la pena. ¿Y dónde buscaremos ese sentido si todo cambia tan rápido? Será siguiendo a Jesús, de manera que nos permita estar en las fronteras de este mundo sin perdernos en el intento, del mismo modo que ya inspiró hace 500 años a Ignacio, a Francisco Javier y a otros tantos compañeros de misión.

 ¿Y todo esto para qué? Pues para dar sentido a tanta gente que lo necesita. Para anunciar un Evangelio que late en todas las realidades, especialmente donde el sufrimiento y la confusión se hacen más palpables, y donde sigue siendo necesaria hoy una palabra de esperanza.

Sueño y sueño y veo que mucho de esto ya es realidad, y me entusiasma que aquellos primeros compañeros en París soñaron su vida como amigos apasionados, con sentido y que siguen dando tanto sentido.

Álvaro Lobo Arranz SJ