Volver la mirada

Qué típico es abrir un momento el navegador para hacerle una consultilla a google y cuando te das cuenta llevas una hora dando vueltas de web en web o de tuit en tuit, y sin acordarte de qué es lo que estabas buscando. O acercarte a un compañero para pedirle algo y acabar tomando un café durante cuarenta minutos y volverte sin lo que fuiste a buscar. Creo que todos en algún momento nos hemos auto-proclamado el “rey (o la reina) de las distracciones”.

Las distracciones nos “roban” la atención para ponerla en cosas secundarias

Un par de veces he escuchado al P. Adolfo Nicolás, superior de la Compañía de Jesús, decir que lo que la Iglesia pide a los jesuitas es profundidad. Y que una de las cosas que nos alejan de esa hondura son las distracciones. Las distracciones nos “roban” la atención para ponerla en cosas secundarias. Las distracciones no son malas en sí, su peligro es que apartan nuestra mirada de lo esencial.

Estas semanas de cuaresma se habla mucho de conversión, tema que a veces suena repetitivo y frustrante porque parece que uno tiene que estar estos cuarenta días esforzándose por cambiar. Y eso de cambiar cansa mucho. Escuché hace poco que la palabra conversión literalmente significa “volverse”, en el sentido de girarse. Eso es, dejar de prestar atención a lo que nos distrae y volver la mirada a lo esencial.

Y no volvemos la mirada si no hay alguien que nos llame. Y como cada vez me doy cuenta de que yo tan solo con mis fuerzas no puedo convertirme, no dejo de repetir esa frase de una oración del P. Arrupe hablándole a Jesús: “Tu imagen sobre mí bastará para cambiarme”.

Javi Montes SJ