Cinco tipos de mermelada...

Melocotón, tomate, albaricoque, naranja, ciruela… Todas sobre la mesa… Y, además, queso y fruta… Es la hora del desayuno… Llega un compañero cuya “pasión secreta” es el paté: no hay paté en la mesa… Y exclama desolado “¿y qué desayuno yo hoy?”… Real como la vida misma. Imagen de un problema de nuestra cultura: lo que nos cuesta agradecer. Lo poco que nos falta nos oculta lo mucho que tenemos.

“A mí ya me gustaría, pero…”

El agradecimiento es lo que alimenta el seguimiento, y la generosidad en el seguimiento; es el combustible necesario. Sin ese combustible del agradecimiento vamos al tran-tran, a la rutina, a la “marxeta” que decimos los valencianos… Cuesta abajo, aún caminamos algo; pero cuando entramos en cuesta arriba… Hay una preciosa carta de San Ignacio a los jesuitas jóvenes que estudiaban en Coimbra que les dice eso: cuando os canséis, cuando los estudios se os hagan pesados, cuando sintáis que el seguimiento del Señor no es siempre agradable o fácil, acordaos de todo lo que El os ha dado y os da cada día.

“Sí, yo quiero dar el paso, pero…”, “a mí ya me gustaría, pero…”, “necesito verlo más claro…”. Si algo de eso te sucede, si alguna vez te descubres diciendo alguna de esas frases: haz un examen de cómo vas de agradecimiento. Se trata, claro, de que el agradecimiento no sea un momento de euforia por un éxito, un buen resultado, un regalo que me han hecho o un gesto de amistad inesperado… Se trata de que sea una actitud de fondo en la vida. Porque así, con el depósito lleno del combustible del agradecimiento, te aseguro que irás y te entregarás a tope: ni Sebastian Vettel ni Marc Márquez te adelantan en la cuesta…

Dario Mollá SJ