Ser jesuita es… Sentirme apasionado por Jesús de Nazaret

Siguiéndole en su misión de ir implantando el Reino de Dios en un mundo tan complejo y desigual. Y esto, haciéndolo desde mi experiencia de fragilidad y pecado, pero al mismo tiempo, sintiéndome incondicionalmente amado por Dios. Con la convicción de que Jesús me asegura una sola cosa, yo estaré “contigo”, vayas donde vayas. Contigo, en el camino compartido, en Compañía de Jesús.

comunidad de vida, espacio privilegiado

Compartiendo comunidad de vida, espacio privilegiado de crecimiento personal desde el compartir lo que soy y lo que hago en la dirección del Reino. Una vida en comunidad que me va deshabitando de mí mismo para irme configurando a la manera de hacer de Jesús. Y en el roce, crece la amistad y la necesidad de reconciliarse, con el poso que deja el ir creciendo como persona, como compañero, día a día.

Y una misión articula mi vida sj: participar de la misión de Cristo. Él escogió el último lugar, aquel que nadie se lo podía arrebatar: misterio de la noche santa de Navidad y del Viernes santo al atardecer. Y desde ahí me siento salvado, liberado, dignificado en mi condición de hijo amado del Padre. Y aunque a veces, mi fragilidad, mi voluntarismo, me juegue malas pasadas y me lleve a estar más cerca del hijo mayor cuando recrimina a su padre: “Todos estos años te he servido como un esclavo” Siento con fuerza desconcertante, el amor tozudo de Dios Padre: “Hijo, todo lo que tengo es tuyo”. Compasión y misericordia de parte de Dios Padre, son las palabras que me habilitan como compañero de Jesús.

Quim Pons sj