Sin IVA

Hay lenguajes que describen la forma como percibimos la realidad. Cuando hablamos de Dios corremos el riesgo de proyectar nuestros propios juicios, construyendo una realidad alejada de Dios. Y nos olvidamos del DIOS que está más allá de todas las cosas.

Hace unos años se publicó un artículo en una revista de pastoral juvenil. En él, unos jóvenes, que estaban muy implicados en la pastoral de una congregación, refiriéndose a la posibilidad de plantearse la vocación consagrada, hablaban de los religiosos que conocían como “admirables, pero no imitables”. Esto, además de plantearnos hasta qué punto presentamos la opción religiosa como apta sólo para súper hombres o súper mujeres, nos lleva a entrar en una cuestión que viven algunos jóvenes que honestamente se lo plantean: “Dios me llama…pero no llego”.

 nos olvidamos del DIOS que está más allá de todas las cosas.

Como si hubiera “algo” que tuvieras que hacer, que te hiciera especial. Como un “valor añadido” que te hiciera apetecible y apto para la congregación. Pero no hace falta ser un héroe, sino dejarte transformar por el Señor. No se trata de llegar o no a “dar la talla”, sino de confiar en la capacidad de ser canal de Dios, porque es Dios quien lleva la iniciativa y marca los tiempos.

La vocación no es el IVA que le ponemos a nuestra pobre condición, que permite hacernos admirables para otros, sino la disposición para dejar que Jesús te lleve más allá de tus propios esquemas y autopercepciones. Y ahí, todo es posible.