Poder o no poder

Uno podría pensar que lo de responder a la llamada de Dios va con “poder hacerlo” o “no poder hacerlo”. Cuando el foco lo ponemos en nuestras propias fuerzas podríamos pensar que es en la fuerza de voluntad donde reside el amor. De hecho, tenemos un refrán que dice algo parecido: “querer es poder”.

Y es verdad: ¡amar es poder! Pero no es un amor que posee, que se apropia de las cosas. Es un amor que se entrega sin esperar nada a cambio. Y puede ser que, ante la dificultad de dejarnos amar por Dios de esta manera tan incondicional, pongamos excusas: “es que primero tendría que terminar la carrera” o “es que antes tendría que saber si es lo mío, o no”, “es que no soy suficientemente inteligente “, “es que…” 

La invitación que nos hace Dios es vivir la infinita capacidad transformadora que vive aquella persona que se ha dejado tocar por el amor de Dios.