Para siempre

La opción de seguir a Cristo no se puede explicar con muchas palabras, sino que necesita ser contemplada en la vida. Cuando me preguntan esto siempre suelo responder que no tengo argumentos, sino que tiene que ver con el deseo de vivir configurando mi vida con Cristo, y eso no se puede explicar con palabras.

Ciertamente es una llamada, en el caso de la vida consagrada, más radical y absoluta, por la que se opta, y por tanto se renuncia a otras. Esto parece evidente, pero a veces descubro gente que vive una vocación de manera insatisfecha y parcial, y eso es porque no se ha renunciado, aunque se crea que se haya optado.

quiero que el modo de Cristo sea el que me configure

En mi vida, la opción de seguir a Cristo, surge no como un modelo de vida a imitar, o un ídolo al que seguir, sino que quiero que el modo de Cristo sea el que me configure. Es algo así como un deseo de dejar de ser protagonista de la propia vida, o al menos de ser el centro de la propia vida, para dejar que ese centro lo ocupe Cristo.  Y es desde este centro desde el que Cristo mueve a que mi vida esté entregada a los demás, especialmente a los más pobres o necesitados, a los más pequeños, o a los que Él me envíe.

La opción de seguir a Cristo desde la vocación consagrada pide toda la persona, cuestión que no solo se materializa en los votos, sino en la vida concreta. E invita a vivir la radicalidad del para siempre, que solo es posible desde la plena confianza en que Él que puso en mí este deseo, me ayudará a vivirlo y a llevarlo a término.