En la vejez: unión

Doy gracias a Dios porque, creo, que hay muchas ayudas para vivir la vejez como jesuita. Te comento algunas de las que he sido testigo al acompañar en la ancianidad a algunos compañeros.

La primera, es la satisfacción por haber empleado la vida en algo tan bonito como tratar de hacer mejor el mundo y la vida, desde la fe en Jesús, como jesuita. La segunda, que en esta etapa futura de la ancianidad, uno espera también sentirse acompañado por Jesús, como lo ha estado a lo largo de toda la vida como jesuita activo. ¿Sabes lo que se siente cuando uno es amigo de alguien? Aunque no lo veas, aunque estés lejos, te sientes muy unido a esta persona. Así nos pasa con Jesús. Igualmente, como sabes, en la vida como jesuitas, es importante la vida en comunidad.

¿Sabes lo que se siente cuando uno es amigo de alguien?

No vivimos nuestra vocación como seres solitarios. Desde que entramos en la vida religiosa, vivimos en comunidad. En la ancianidad, la comunidad sigue teniendo una parte muy importante. Si has conocido alguna enfermería de la Compañía, verás que se cuida mucho a los ancianos, y al mismo tiempo, continúan haciendo aquellas cosas que han ido dando sentido a su vida: la Eucaristía, la oración, la vida fraterna… Y hay una cosa muy bonita y es que, aunque uno ya no pueda seguir trabajando (porque las limitaciones de la edad te lo impiden), sin embargo, te sientes unido a tantos compañeros que por todas partes del mundo, siguen trabajando y viviendo su vocación de entrega a Jesús, colaborando con Él en la transformación de la realidad. Rezas por ellos, te sientes unido a ellos. Y das gracias porque sigue habiendo compañeros que continúan la misión por la que tú has entregado la vida. Es una actividad distinta, pero llena de agradecimiento.

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