No quedarme la vida para mí

Antes de entrar en la Compañía de Jesús trabajaba en una finca agrícola experimental de una multinacional japonesa, en Alpicat (Lleida). Era feliz con mi trabajo, hacía lo que más me gustaba. Pero era muy consciente que el Señor había sido muy generoso conmigo: tenía una familia magnífica, amigos, un trabajo en el que me sentía realizado…Salía con una chica pero…. me sentía demasiado atado. En mi interior sentía un movimiento que me llevaba a ir más lejos, no me podía quedar con lo que el Señor había puesto en mis manos. Aquel mundo se me hacía pequeño…

Sentía que necesitaba devolver a los demás y, especialmente a los más pobres, tanto bien recibido. Quedarme instalado en aquella situación me parecía traicionar una llamada interior que me decía: tienes que ir lejos, mucho más lejos…

no me podía quedar con lo que el Señor había puesto en mis manos.  

Una llamada interior que fue confirmada a lo largo de un año de ejercicios en la vida ordinaria. En pleno discernimiento, la empresa en donde trabajaba, me invitó a hacer una estancia de dos meses en una de las fincas experimentales que tienen en Japón. Una propuesta, que por muy seductora que fuera, no me apartó de mi determinación de dejar la empresa y la magnífica oportunidad de promoción que suponía un viaje como aquél.

Cuando soñaba que estaba participando en proyectos sociales junto a las personas más pobres, sentía una profunda paz interior, mayor que la que pudiera tener en mi trabajo profesional. Esta consolación me determinó a tomar la decisión de dejar mi trabajo y abrirme a la voluntad de Dios en mi vida.

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