(Sobre)vivir

Saber que no te arrepentirás es la dinámica de la seguridad. ¿Quién puede estar seguro de que sobrevivirá a una enfermedad? ¿Quién tiene seguridad que por mucho dinero que apuestes, ganarás mucho más dinero? Desde siempre, el hombre ha querido tener seguridad para dar pasos firmes hacia delante. En el caso de la vocación, pasa también. Cuando me decidí a emprender el camino como jesuita no me importaba mucho el futuro. Quería disfrutar tanto el presente de la vocación que no pensaba si en un tiempo sería uno de esos jesuitas mayores con los que me había cruzado en la vida. Y avanzando en mi ser jesuita, descubro que la única seguridad que tengo, el único aval, es la fe.

El dicho dice que no se ponga la mano en el fuego por nadie. Por si acaso sale mal. Por eso no se puede decir de nadie, ni de los matrimonios ni de una vocación religiosa, que no habrá dificultades y altibajos que tambaleen hasta el último de los pilares que sostienen la vocación.

he descubierto que la vocación a la Compañía me hace muy feliz.

Para mí, como jesuita, arrepentirse tiene que ver con sentir un enorme pesar por la vocación y no ser consecuente con lo que prometí delante de Dios con mis votos. Si me sitúo en el futuro, me da miedo no ser consecuente ni testigo de lo que Dios quiere de mí. Eso sí que me hace temblar. No he sentido el pesar de la vocación, sino más bien, he descubierto que la vocación a la Compañía me hace muy feliz. Me siento consolado, lleno de esperanza, porque la entrega de la vida como jesuita es para mí hacer verdad la promesa de Dios.

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