Seguir los pasos de Jesús

La mayoría de la gente piensa que la opción de seguir a Cristo es sinónimo de sacerdote o de religioso. Pero creo que no es cierto. Todos los cristianos deberían tener como opción preferencial en sus vidas seguir a Cristo: desde cualquier vocación y desde cualquier profesión. Lo que sí es cierto que como jesuitas estamos llamados a una opción mucho más radical de seguimiento de Cristo (en este caso radical no es igual a mejor ni más perfecta, faltaría más). La radicalidad de nuestro seguimiento es consagrar toda nuestra vida a Jesucristo. Es decir, dedicar cada minuto de nuestra vida a que nuestra vida, por cualquier de los poros, hable y transmita a Jesús.

Todos los cristianos deberían tener como opción preferencial en sus vidas seguir a Cristo

Para mí como jesuita, seguir a Cristo, supone poner en tensión toda mi vida. Como si cada elemento que conforma mi vida se pusiera en dirección a Jesús y su Reino. La radicalidad de esta opción reside en estar continuamente volviendo una y otra vez a la experiencia personal de mi relación con Jesús. Solo desde Él se puede orientar todo a Dios. El verdadero protagonista de nuestra vida es Jesucristo y no uno mismo. Vivir a su modo y a su estilo, llevando el Evangelio por Bandera en la vida y estando en una disponibilidad absoluta al servicio de los más pobres.

La disponibilidad y el servicio a la justicia del Reino van de la mano en una opción que es seguir los pasos de Jesús.

Seguir a Cristo no es solo ser sacerdote o religioso. El carisma de San Ignacio nos recuerda que la opción de seguir a Cristo puede ser desde cualquier contexto y desde cualquier acción. Por eso los jesuitas no estamos encerrados en un convento ni atados a una sola obra. La disponibilidad y el servicio a la justicia del Reino van de la mano en una opción que es seguir los pasos de Jesús.