Transformar el mundo a mejor

La vida nos enseña que cuando una persona vive o hace lo que se siente llamada a vivir o realizar, sigue adelante con ganas, a pesar del cansancio o de las dificultades. Estoy seguro de que podemos encontrar montones de ejemplos.

Como jesuita, me ilusiona mucho transformar el mundo a mejor, colaborar en crear ambientes más humanos, fraternos, ayudar a transmitir la fe en Jesús. Lo siento como una llamada profunda que me hace feliz. ¿Que me puedo cansar?, es verdad y a veces lo constato; ¿que no hay mucha gente que entregue su vida desde el Evangelio?, también es cierto.

Como jesuita, me ilusiona mucho transformar el mundo a mejor

Siendo verdad que somos humanos y, como tales, en ocasiones tenemos también nuestros cansancios o pequeños desánimos, sin embargo, hay una satisfacción interior, una alegría sencilla, honda que me sostiene y empuja. No nace de mí, sino que surge de la fe en Dios. Sin duda, ha sido Dios quien me ha llamado a compartir mi vida con Él, como jesuita. Fuentes fundamentales que me renuevan la ilusión son: la oración y la Eucaristía.
Además, hay más gente de la que crees. Cristianos en diversas partes del mundo, compañeros jesuitas, personas religiosas y laicas que entregan su vida por los demás… no somos tan pocos. Me siento acompañado por tantas personas… Y, al mismo tiempo, es preciso no olvidar que, como dice el evangelio, siempre lo grande está llamado a crecer desde lo más pequeño (Mateo 13,31-32). Por eso, sentir que en los gestos más pequeños de cada día, se va tejiendo el mundo que Dios quiere, da sentido a tantos momentos de mi vida.

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