Testimonio

Compartir la mesa

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De todos los relatos del Evangelio, los que más me ayudan a reconocer a Jesús Resucitado son aquellos que suceden en torno a una mesa. Así, yo diría que a mí se me aparece el Resucitado a través de tres mesas:

En primer lugar, en torno a la mesa del piso de reinserción en el que colaboro. Se trata de una mesa en la que personas que están en un proceso de salida de diversas adicciones, comparten la comida y la vida. Y lo hacen como el Resucitado, mostrando sus heridas. No las esconden. Viven con ellas. Pero gracias a un proceso acompañado de reconciliación pueden ir cicatrizándolas.

En segundo lugar, lo veo en torno de la mesa de la comunidad parroquial de la Iglesia que los jesuitas llevamos en Lleida. Especialmente los sábados, cuando con los jóvenes y sus familias (muchas de ellas vinculadas a nuestro colegio por ser alumnos o profesores), nos reunimos en torno al altar para, al igual que los discípulos de Emaús, escuchar la Palabra y compartir el Pan, viendo en él al propio Jesús que se nos entrega, partiéndosenos y repartiéndosenos.

Finalmente, lo veo en torno a la mesa de mi comunidad jesuita. En la que compañeros de muy diversas edades, personalidades y trayectorias (como los primeros discípulos) vivimos y soñamos con llevar adelante la misión que Jesús nos encomienda.