Beato Domingo Collins SJ

Situémonos en la Irlanda de finales del siglo XVI, un contingente de españoles está apoyando la causa católica. Algunos jesuitas acompañan a estos soldados, entre ellos un hermano, Domingo Collins, un irlandés que pocos años atrás había cambiado el uniforme por la sotana. La fortaleza está cercada por el inglés, el día soleado se oscurece por la bruma que surge del fragor de la batalla, los lienzos de muralla caen como fichas de dominó, el polvo asciende y los sitiados ven el fin próximo. Collins sabe que su condición de jesuita puede ser una baza para negociar una paz honrosa, se arma de valor y cruza la nube de polvo para ofrecer su vida a cambio de la de los 142 compañeros.

libertad de creer, sentir y amar

El mando inglés, no solo no acepta la rendición sino que además apresa a la embajada y continúa la batalla. Intentaran por todos los medios que Domingo apostate su fe, hasta llegar a la tortura, en donde él va comprendiendo, contemplando y viviendo en su propia existencia la pasión de Cristo. En sus últimas palabras deja traslucir que su única culpa es la libertad, la libertad de creer, de sentir y de amar.

De lo que no nos damos cuenta muchas veces es que colgando un cuerpo de una soga, no consigues sujetar nada. Es más al hacerlo logras todo lo contrario, la libertad y el amor saldrá del cuerpo para inundar el ambiente, dando ánimos a los que luchan por creer en un Jesús de carne y sangre que se hace pan y vino para entrar en las vidas sufrientes de los pueblos oprimidos.

Dibujo: Ignasi Flores