Pedro Claver

Cartagena de Indias.

En brazos pusimos a los enfermos en dos ruedas

Ayer saltó en tierra un grandísimo navío de negros. Fuimos cargados con dos espuertas de naranjas, limones, bizcochuelos y otras cosas. Entramos. A través de la gente llegamos a los enfermos, una gran manada echada en el suelo muy húmedo y anegadizo. Pedazos de teja y de ladrillos eran sus camas. Estaban en carnes, sin un hilo de ropa. Trajimos tablas y entablamos el lugar. En brazos pusimos a los enfermos en dos ruedas, la una tomó mi compañero con el intérprete, apartados de la otra que yo tomé. Entre ellos había dos que estaban muriendo de frío. Tomamos una teja de brasas, les pusimos encima nuestros manteos. Cobraron calor y ánimo. Con el rostro muy alegre, los ojos abiertos, nos miraron. Nos arrodillamos junto a ellos. Les lavamos los rostros y los vientres con vino, alegrándolos. Acarició mi compañero a los suyos, yo a los míos. Hecho esto entramos en el catecismo del santo bautismo. Después pasamos al catecismo grande. De los muchos que estuvieron dispuestos bauticé a tres. Mi compañero hizo instancias para que bautizara más. No me pareció conveniente, sino dilatarlo para después. Muy gozosos volvimos a casa.

38 años como este día, llenos de servicio a los que no eran considerados personas.

Pedro Claver, esclavo de los esclavos negros, para siempre.

Dibujo: Ignasi Flores