Recreando la mirada

Dios puede haber irrumpido en nuestras vidas con una presencia indudable en un momento dado, puede hacérsenos indescifrable o parecernos más o menos perceptible en otros. En cualquier caso, estamos aquí porque de una forma u otra nos hemos topado con Él y nos ha arrastrado a esta misión inhóspito y apasionante en la Compañía de Jesús. No queremos dejar de seguir buscándole y hallándole.  

El examen es la oración que nos ayuda a redescubrirle en todo. En lo cotidiano. En lo evidente y en lo menos evidente. En las entrañas del mundo. En todas las cosas. Nos permite preguntarnos cada día dónde está y a dónde nos llama. Es el humus del discernimiento.   

“A veces se busca a Dios como si estuviese ausente; pero no lo está, sino muy presente en nosotros y en todas las cosas” (Jerónimo Nadal sj)

San Ignacio tuvo esa experiencia de Dios que le recreó la mirada, que hizo que le parecieran todas las cosas nuevas. Nosotros aprendemos de su mano a reconocer el paso de Dios por nuestras vidas todos los días. Lo hacemos como proponen los Ejercicios Espirituales [43]: desde el agradecimiento, el perdón y el compromiso.