Entre descanso, café y charlas

Llegamos a una sala importante llamada quiete. Es el espacio por excelencia donde se desarrolla la vida social del noviciado. Es una sala de estar donde hay colocados sillones de manera circular y que se utiliza tras las comidas y las cenas, principalmente. Es un sitio para tomar café, leer la prensa o alguna revista, pero aún más para conversar con los compañeros.

 Sin darnos cuenta, se va forjando vínculos con los compañeros

Para la vida de un jesuita esto de conversar es significativo. San Ignacio, según nos cuenta su autobiografía, buscó desde el comienzo de su conversión personas espirituales con las cuales compartir su fe.  Este es, por tanto, un elemento distintivo de nuestra espiritualidad y está integrado en nuestra vida cotidiana.

No se puede pensar la vida del noviciado sin la quiete. En este lugar, uno casi sin darse cuenta, va forjando vínculos con los compañeros, comparte experiencias, gasta bromas, se informa y se recrea. Es aquí donde uno puede vislumbrar la materialización del concepto de comunidad.