La sabiduría, los libros y Manresa

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,

Y que obtiene la inteligencia;

Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,

Y sus frutos más que el oro fino.

Más preciosa es que las piedras preciosas;

Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.

                                                                               Prov 3, 13-15

 

Las bibliotecas son espacios misteriosos que tienen algo que atrae al jesuita. Mientras caminamos por sus pasillos nos vemos envueltos por paredes que nos hablan llenas de historias dispuestas a embarcar en nuestra vida.

Vio todas las cosas nuevas, tal y como hacen los ojos de Dios.

Como en muchos otros lugares, uno puede pasearse por ellas sin ninguna intención concreta, matando el tiempo. Pero no es de ese modo como uno saca el mejor provecho de este espacio, sino cuando nos vemos dentro para conocer, de algún modo, palabras que ensanchen nuestro corazón y permitan entender mejor nuestra vida y a Dios en ella. Una lectura nos invita a pararnos un buen tiempo con ella, gustarla, sentirla… haciendo que dejemos de ser tan ciegos y sordos y pudiendo ver con mayor claridad la causa verdadera con la que nuestro corazón se estremece.

San Ignacio tuvo en Manresa situaciones donde experimentó – sin tener un libro a mano- la adquisición de un conocimiento muy superior al que tenía antes sobre Dios y sus modos. Desde esta mística, adquirió una mayor capacidad para actuar con mayor fuerza, claridad y conocimiento del Espíritu. Vio todas las cosas nuevas, como hacen los ojos de Dios. A esa Gracia, que Él nos concede, la llamamos Sabiduría.