Noviciado

Decir sí

Desde hace algún tiempo siento que Dios me invita a seguirle de una manera concreta: como jesuita. Al principio no supe o no quise decir a tal propuesta porque mis planes personales iban por otro sitio, por miedo o mil excusas que me cerraban en mí mismo. Sin embargo, un día me di cuenta de que Dios seguía llamando a mi puerta, y que igual estaba empeñado en seguir una dirección equivocada.

Todo suele comenzar con un sí y desde luego, no podemos obviar que uno entra al noviciado diciendo “SÍ”. No se trata de una respuesta afirmativa cualquiera, ni tampoco de una obligada. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de lo que significa o lo que ponemos en juego. Te estaría mintiendo si te dijera que entré al noviciado con todas las certezas.

En estos días de Adviento, siento que Dios dirige mi mirada hacia María. La Anunciación supuso para María un antes y un después en su vida. Con la confianza puesta en Dios acogió su voluntad: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Pero este “SÍ” de María no es fruto de conocer las certezas sobre lo que va a pasar en su vida, sino más bien el inicio de un camino del que poco sabe. Cuando en septiembre de este año entré al noviciado mi sensación era esa: de vértigo al ver solo el inicio del camino y de confianza al saber que estaba en las manos de Dios. San Ignacio decía que “es menester poner en Él solo la Esperanza de que Él haya de conservar y llevar adelante lo que se dignó a comenzar”.

Y es que ahora, en esta época de Adviento en el noviciado, siento que la dirección de mi vida es seguir a María y a José camino de Belén. ¡Qué mejor ejemplo que el suyo para descubrir el verdadero sentido de un “SÍ” que cambia vidas!