El garaje de la Storta: un grafiti ignaciano en el centro de Madrid

Solo un grafitero puede salvar la puerta emborronada por otros grafiteros. Una pintura coherente, firmada por uno de ellos, es habitualmente respetada por sus congéneres, y así se puede mantener libre de otras posibles repintadas invasoras. En general se opta, dado que se trata de entradas de vehículos, por pintar la imagen de un automóvil. Es lo que ha sucedido en la residencia San Pedro Fabro de la Compañía de Jesús, situada en la calle Santísima Trinidad de Madrid. Solo que esta vez la...