Desde los orígenes de la Compañía de Jesús, la inculturación ha sido una seña de identidad fundamental para todo misionero jesuita: observar, compartir la vida y «hacerse todo a todos» (cf. 1 Cor 9,22) para dar a conocer el Evangelio allí donde se es enviado.
En esta tercera entrega de ‘Universales por vocación’, nuestros protagonistas nos cuentan cuál fue la misión que recibieron en el extranjero y lo que ha significado para ellos adaptarse a una cultura diferente. La vida cotidiana en la misión está llena de contrastes —en el modo de celebrar, comer y relacionarse— que en ocasiones llevan al jesuita al límite y presentan momentos de cruz y dificultad. Sin embargo, cuando estas situaciones se abrazan en compañía de Jesús, se transforman en una profunda experiencia de libertad, confianza y entrega profunda al Señor.
Un testimonio entrañable que nos recuerda que el misionero es, ante todo, una persona de Dios enviada a llevar la presencia del Evangelio a nuevas fronteras.
