Noviciado

Visita del Padre General al noviciado

El pasado 23 de septiembre recibimos en el noviciado la visita del P. General Arturo Sosa, S.J. El encuentro comenzó con una conversación comunitaria donde brotaron cuestiones relativas a la identidad del jesuita, el discernimiento vocacional y la misión de la Compañía hoy. De forma cercana, el P. General recordó que «la idiosincrasia del jesuita pasa por estar encarnados como Jesús en las realidades del mundo». Parte de la formación del noviciado es precisamente «dejarnos cuestionar por el mundo, no para evadirnos de él, sino para adentrarnos en el Misterio que lo habita». En definitiva, el núcleo de nuestro carisma pone el acento
en vivir para ayudar a las almas, guiados por el Espíritu.

Como novicios nos interpela la sencillez que transmitió. En este tiempo de discernimiento vocacional, lo pequeño, humilde y cotidiano se torna en fuente de consolación. Su presencia nos invita a abajarnos con Cristo pobre y humilde. Allí, en lo pequeño y cotidiano, descubrimos que Dios se nos entrega en una palabra compartida, en un servicio escondido, en el silencio que acoge o en la fidelidad de cada día. Y quizá también nuestra vocación necesite aprender ese lenguaje: desaparecer un poco para que Cristo pueda aparecer, perder seguridades para ganar libertad interior, bajar con Él hasta los lugares humildes donde la vida clama y donde Dios ya está esperando.

El P. General recordó además la importancia de los hermanos jesuitas en su historia de fe: a quienes les caracteriza más lo que son que lo que hacen. «El cuerpo apostólico de la Compañía está incompleto sin esta vocación de vivir en profunda radicalidad los votos». A raíz de ello, se interesó por el hermano José María Tejedor, S.J., y mantuvo un coloquio con él sobre su experiencia vocacional. ¡Cuánto podemos aprender de su disponibilidad y libertad interior!

El encuentro continuó con una Eucaristía en nuestra capilla de comunidad. Al igual que los discípulos fueron enviados «de dos en dos» (Lc 10,1), nuestra llamada no es para estar solos. Hemos sido convocados para hacer comunidad. Dios nos confía la gracia para acompañar la fragilidad. Para el P. General, este Evangelio de la llamada al discipulado plantea dos movimientos: «reconocer la gracia sanadora y restaurar la humanidad de las personas excluidas». Trajo a la memoria a los primeros compañeros, confiados a predicar sin recursos. Terminada la Eucaristía, compartimos nuestra comida cotidiana. En la mesa no solo se sentó el P. General, sino el compañero humilde y fraterno. Agradecemos al Señor su visita. Para nosotros ha supuesto una oportunidad de enraizarnos en el tesoro escondido de la vocación.

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