Testimonio

Contemplativos en la acción

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A medida que pasan los años, y van 31 desde que entré en el noviciado, voy profundizando y confirmando qué significa aquello de ser contemplativos, también en la acción.

>> No puede haber jesuita sin dar tiempo a la contemplación: al silencio, a la meditación de la Escritura, al coloquio íntimo con Dios. Una parte importante de nuestra ascesis está en el manejo de la agenda, en la capacidad de reservar tiempos para la contemplación.

>> No puede haber jesuita sin dar tiempo a la contemplación: al silencio, a la meditación de la Escritura, al coloquio íntimo con Dios. Una parte importante de nuestra ascesis está en el manejo de la agenda, en la capacidad de reservar tiempos para la contemplación.

Somos, pues, contemplativos, también en la acción, porque nuestra forma espiritual nos abre a contemplar a Dios presente en todas las criaturas, trabajando laboriosamente en todo. Dios nos llama a acompañarle en ese modo de ser, estar, trabajar y darse. Esto nos da todo el sentido.

No puede haber jesuita sin dar tiempo a la contemplación: al silencio, a la meditación de la Escritura, al coloquio íntimo con Dios. Una parte importante de nuestra ascesis está en el manejo de la agenda, en la capacidad de reservar tiempos para la contemplación.

No puede haber jesuita sin acción: porque estamos enviados en misión. Incluso los jesuitas ancianos que están en las enfermerías reciben misión, y están activos cuando oran por la Iglesia y la Compañía. Siempre tenemos el peligro de pervertir la acción, cayendo en el activismo, de justificarnos por la cantidad de trabajo, por la eficacia. Tenemos el peligro de secar la vida espiritual cuando disociamos acción y contemplación.

Somos, pues, contemplativos, también en la acción, porque nuestra forma espiritual nos abre a contemplar a Dios presente en todas las criaturas, trabajando laboriosamente en todo. Dios nos llama a acompañarle en ese modo de ser, estar, trabajar y darse. Esto nos da todo el sentido.