Testimonio

Mi vocación en tres imágenes: Sergio García Soto

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El primer momento es una foto de la Experiencia de Loyola de los colegios de la entonces Provincia de Toledo de los jesuitas, en el año 1992. Yo era alumno de Padre Piquer. Mi paso por ese colegio cambió mi vida radicalmente, en lo más humano, pero también en lo más espiritual. Especialmente en la experiencia de Loyola, donde sentí con fuerza que el Señor me pedía que le siguiera, con apenas 16 años cumplidos. Es la primera vez que soy consciente de haber orado de verdad y sentir que en una de las oraciones de la mañana, se producía un diálogo sincero y profundo con el Dios de la misericordia y de la vida. Me sentí abrazado con cariño y hondura e impulsado a fiarme de Él.

La segunda foto es de mi tiempo como voluntario en el Hospital de la Paz, en Madrid, en la planta de oncología infantil. Es del año 2005. Se trataba de pasar la tarde organizando actividades de ocio hospitalario. Con estos niños aprendí el valor de la esperanza y cómo se puede vivir desde la enfermedad con profundidad y sentido. Mi contacto con los niños con cáncer venía desde mi paso por el colegio Portaceli, donde había acompañado dos experiencias de dos alumnos. Así, cuando me envían a Madrid a estudiar teología, pedí poder dedicarme semanalmente a estos niños y a acompañar sus procesos. Es de las experiencias de las que más he aprendido en la vida y me ayudó a adentrarme en el estudio de la teología de forma más realista y encarnada. 

En tercer lugar aparezco en la foto de mi primera misa en la parroquia San Raimundo de Peñafort de El Pozo del Tío Raimundo en Madrid, el día 29 de junio de 2008. Un lugar muy significativo para mí, donde la fe de los sencillos me ha enseñado mucho. Tuve la suerte de vivir allí en dos períodos, mientras terminaba la carrera de filosofía (dos años) y posteriormente otros cuatro años como primer destino tras la ordenación y mi regreso de los estudios de Roma. Allí tuve contacto con la piedad popular y con los niños y adolescentes tanto de la parroquia como de Amoverse. Regresar desde la memoria del corazón a esos primeros años de sacerdocio me ayuda a distinguir, que la comunidad cristiana con la que creces, es la que te hace sacerdote. En esta foto se condensa, el final de una preparación para el sacerdocio, el inicio de una etapa vital con muchos cambios y muy en manos de Dios y el deseo de no olvidar nunca que nos ordenan, no por nuestros méritos, ni para adquirir ninguna dignidad, sino para servir y mostrar a Cristo, ojalá que también con nuestra vida. 

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