Testimonio

Buscando profundidad

por

«Como jesuita, me siento invitado a colaborar en la gestación de esa profundidad. Y, a la vez, abrumado por lo que significa».

Profundidad: esa es la dimensión por la que la misión universitaria de la Compañía suele navegar. Es su espacio preferido para realizar el aporte que está llamada a hacer. La misión universitaria traduce el servicio simultáneamente como docencia, investigación y transferencia de conocimiento. En todas ellas, es imposible ser superficial. Los problemas, los auténticos, no se dejan simplificar. Carecen de soluciones fáciles. Avanzan según procesos largos y rigurosos. Exigen espera.

Todo eso pide mucho de quienes se incorporan a la misión universitaria, de las instituciones que la llevan a cabo y del cuerpo apostólico que las sostiene. Pero es que no cabe otra cosa. En juego está captar bien la necesidad del aquí y ahora, del allá y del después de este mundo en continuo cambio, para nutrirlo de transformaciones que sean hondas y duraderas.

Como jesuita, me siento invitado a colaborar en la gestación de esa profundidad. Y, a la vez, abrumado por lo que significa. Nuestro carisma lleva a comprender que las personas, las culturas y las sociedades están en caminos abiertos al siempre poder recreador de Dios. Discernir esa novedad, y discernirla desde la universidad, es un ministerio extraordinario, aunque lleno de silencio, de respeto a la realidad y de relativización de lo que suponemos saber. Pero justamente eso es lo que solicita la profundidad para ser convertida en luz y vida.