Los edificios modernos de Villagarcía datan de finales de octubre de 1959. En aquel momento se construyen para ser Noviciado y Juniorado de Jesuitas, pero al mismo tiempo servirán para otras actividades como, por ejemplo, una Escuela Hogar…
En los años 70 empezaron la remodelación de la Casa con vistas a realizar en ella Ejercicios Espirituales o convivencias de alumnos de nuestros distintos Colegios. De esta forma, se logra una buena y funcional Casa de Ejercicios.
Pues bien, ya desde los comienzos, se hace famoso el helado que se sirve como postre en los meses de calor tanto a la Comunidad Jesuita como a los participantes en las distintas actividades: Convivencias, Ejercicios, retiros… Además, en algunas actividades o juegos del pueblo y sus alrededores los jesuitas les ofrecían un helado generosamente.
Lo curioso es que eran helados fabricados en la misma Casa, en nuestra propia cocina. Y que todo el que pasa por aquí los recordará con agrado, lo mismo que la tortilla de patatas de la cena del viernes así como la sopa castellana. Cuando se hacía alguna actividad en la bodega era un plato que le requerían siempre los asistentes. Eran los “productos estrella” del comedor de Villagarcía, aunque la calidad de la tortilla dependía mucho del cocinero de turno.
Para fabricar cómodamente el helado se compró una máquina heladora ya desde los mismos comienzos de la casa, que en aquel tiempo era muy buena, de lo mejor, y fabricaba unos excelentes helados. Hubo que repararla algunas veces, pero el producto siguió siendo de excelente calidad.
Pero como todas las cosas a esta máquina le llegó su fin y se estropeó. Ya no se pudo arreglar más y hubo que comprar otra que es la que tenemos en la actualidad que, aunque no es tan buena como la anterior, sigue fabricando un buen helado que gusta mucho a la gente porque sigue siendo natural. Por eso, a día de hoy, se continúa alabando el helado de Villagarcía.

