Testimonio

Un jesuita polifacético

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Cipri es un ejemplo de jesuita polifacético. Este salmantino, que ingresó en la Compañía en 1974, ha pasado por la editorial Sal Terrae, el Hogar de San José en Gijón o la parroquia La Pilarica de Valladolid. Después de haber sido Delegado para la Tercera Edad y su preparación en la Provincia de España fue nombrado Consejero General y Asistente Regional para Europa Meridional del P. General Arturo Sosa SJ.

¿Le cambia a uno en Roma su visión de la Iglesia y la Compañía?

En Roma experimento especialmente la fragilidad de la Compañía y de la Iglesia. Somos una realidad muy pequeña intentando servir a un mundo muy complejo y esta desproporción nos hace humildes. Sin embargo, esta visión de “mínima” Iglesia me parece espiritualmente muy saludable.

¿Quién es Jesucristo para Cipriano Díaz Marcos?

Me gusta aquello que San Pablo dice a los gálatas con palabras fuertes: Insensatos, quién os ha fascinado, sino el Cristo crucificado, despojado y desfigurado. Si esto es un hombre, diría Primo Levi. Pues este hombre es la medida de todo y en el que creo de corazón. Y me gustaría añadir –con el P. Arrupe– que Cristo es el que todo lo determina en mi vida, pero no me atrevo a tanto.

¿Cómo ora?

Oro como puedo y a menudo oro poco. Me gusta tomar los textos de la liturgia del día que me sumergen en la historia de salvación del pueblo de Dios e iluminan mi historia personal. El examen también me permite contemplar los deseos, las sorpresas y los
temores que me han acompañado a lo largo del día, para estar un poco más atento al mañana.

¿Qué es la Compañía de Jesús para Cipri?

Me gusta la palabra compañeros porque dice relación a un grupo que camina y que comparte el pan y la vida. La Compañía de Jesús es ya mi casa y mi modo de ser en Iglesia: son aquellos con los que vivo y muchos otros que comparten conmigo misión y preocupaciones.

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