
Mi vocación nace en mi infancia, en medio de una familia que vive con naturalidad su fe: rezando antes de los viajes, yendo juntos a misa cada domingo, dejando un hueco en nuestra casa para aquellos que más lo necesitaban… En esa historia el colegio Nuestra Señora del Recuerdo y los amigos que allí hice, también jugaron un papel fundamental. Sin darme cuenta aprendí a tener una relación personal con Dios.

Sin embargo fue en los años universitarios donde surgió la pregunta vocacional. Junto a mi grupo de la Comunidad Universitaria Francisco Javier fue descubriendo que el mundo era más grande de lo que pensaba y que no todo el mundo vivía como yo, fui conociendo personalmente a Cristo y empecé a desear con fuerza vivir con Él y como Él, fui descubriendo a otros jóvenes que, teniendo mis mismos deseos, se atrevieron a dar un paso adelante para entrar en la vida religiosa.

Hoy dieciséis años después, no concibo mi vida de otro modo que como sacerdote en la Compañía de Jesús. Siento que a lo largo de estos años Dios me ha aceptado a su servicio y me ha concedido la gracia de ser puesto con su Hijo por medio de un sin fin de hombres, mujeres y niños a los que he podido servir. En ocasiones he tenido el privilegio de ser enviado a alguna misión más vistosa, otras me ha tocado entregarme desde lo oculto de mi despacho. Pero siempre lo he intentado hacer con Él y como Él.
