Testimonio

90 años de fidelidad

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¿Cómo saber si una vocación es de verdad? A menudo se busca una señal, una revelación que despeje cualquier duda. Sin embargo, la experiencia de quienes han recorrido el camino largo suele apuntar en otra dirección. Quizás la respuesta no esté en tenerlo clarísimo el primer día, sino en ser capaz de sostener un «sí» a lo largo de los años.

No hace falta una certeza absoluta al comenzar; basta con estar dispuesto a pronunciar ese «sí» una vez y volver a decirlo cada mañana.

La vida del Padre Enrique Von Riedt es el reflejo perfecto de esta fidelidad . Considerado el jesuita que ha permanecido más años en la Compañía de Jesús —89 de sus 105 años de vida, casi nueve décadas.

Nacido en Colonia (Alemania), Enrique llegó a Gijón junto a sus padres huyendo de la dureza de la Primera Guerra Mundial. Era apenas un adolescente cuando, con solo 16 años, entra en el noviciado de Salamanca en 1930.

Aquel joven no imaginaba los giros que daría su historia. Le tocó vivir el destierro de España a causa de la persecución religiosa, una prueba temprana que sacudió sus cimientos pero no su rumbo. En sus primeros años como sacerdote combinó la docencia y la gestión como profesor, prefecto y rector, ganado a pulso la fama de ser un hombre recto y exigente.

Sin embargo, el guion de su vida dio varios vuelcos. Del rigor de las aulas pasó a la entrega directa con niños en situación de desprotección social en San Cayetano (León). De ahí, el corazón misionero lo empujó a cruzar fronteras para marchar como misionero a Chad. A su regreso, retomó su labor con menores en Gijón, para finalmente volver a Salamanca, donde, ya en una avanzada edad, continuó dando clases y acompañando con cercanía a las parroquias rurales.

Cuando falleció en 2019 a los 105 años de edad, habiendo cumplido 89 años como jesuita y 72 como sacerdote, el Padre Enrique dejó una lección silenciosa pero rotunda.

Su vida no fue un camino plano ni una línea recta trazada de antemano. Estuvo atravesada por exilios, cambios de destino radicalmente opuestos de rector de colegio a misionero en África y párroco rural y por el inevitable peso de los años. Pero en medio de todos esos cambios, el hilo conductor permaneció intacto.

Para quien hoy se pregunta si tiene vocación, la historia del padre Von Riedt ofrece realismo y esperanza. No se trata de adivinar el futuro ni de tener todas las respuestas garantizadas. La vocación es, una fidelidad paciente: la disposición humilde y valiente de renovar un compromiso cada día.

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