Noviciado

La intimidad del peregrino

San Ignacio era un hombre que guardaba para sí muchos de los secretos de su intimidad con el Señor, y parte de esa experiencia la dejó recogida en su Diario Espiritual. Gracias a ello, todavía hoy podemos acercarnos a la intimidad de su alma y contemplar cómo Dios iba conduciendo su vida. Eso es precisamente lo que hemos intentado hacer durante este segundo año de noviciado: acercarnos a la intimidad del Peregrino, en un curso impartido en la Casa de Espiritualidad Cova Sant Ignasi en Manresa.

El Diario Espiritual recoge el discernimiento que Ignacio realizó sobre la pobreza de la Compañía de Jesús y sobre la conveniencia de tener o no rentas en sus Iglesias. Los fragmentos del Diario que conservamos abarcan desde el 2 de febrero de 1544 hasta el 27 de febrero de 1545. Pero más allá de esta cuestión concreta, en sus páginas encontramos las gracias que Dios iba derramando en su vida, y descubrimos la entrañable relación que fue cultivando con cada una de las Personas de la Trinidad y con María, nuestra Madre.

Para nosotros, los novicios de segundo año, acercarnos a esta intimidad del Peregrino provoca movimientos interiores y una cierta identificación con Ignacio. No porque nos parezcamos a él, sino porque reconocemos en su búsqueda algo de nuestra propia búsqueda. Su experiencia despierta en nosotros el deseo de alcanzar ese abrazo del Señor en la oración y en la celebración de la Eucaristía.

Este curso sobre el Diario Espiritual nos ha regalado además la oportunidad de conocer algunos de los lugares donde comenzó la vida peregrina de Ignacio: Manresa, Montserrat y Barcelona. Recorrer estos lugares, rezar en ellos y contemplar los escenarios por los que pasó el santo ha sido una gracia especial. Y, además, hemos compartido esta experiencia los novicios de segundo año de las Provincias de España, Portugal y la EUM (Euromediterránea formada por Albania, Italia, Malta y Rumanía), enriquecidos por la fraternidad y por una misma herencia espiritual.

Agradecemos de manera especial a los compañeros jesuitas que nos han dedicado parte de su tiempo durante estos ocho días. Gracias a su acompañamiento, hemos podido adentrarnos un poco más en la intimidad del Peregrino y descubrir, una vez más, la actualidad y la riqueza de su experiencia de Dios.

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